domingo, 17 de septiembre de 2017

SEXTO PROPERCIO






-“Si faltaren las fuerzas, la audacia cuando menos, será su gloria; en las empresas grandes basta con haber empleado la voluntad” 

-“Todo enamorado es ciego.” 

-“Cada uno sigue el orden de su naturaleza.”

-“Cuando los que se aman son separados, el amor aprieta los lazos.” 

TUCÍDIDES


-"La fortaleza de un ejército estriba en la disciplina rigurosa y en la obediencia inflexible a sus oficiales."

-"Los hombres pueden soportar que se elogie a los demás mientras crean que las acciones elogiadas pueden ser ejecutadas también por ellos; pero en caso contrario sienten envidia"

-"Reconocer la pobreza no deshonra a un hombre, pero sí no hacer ningún esfuerzo para salir de ella."

-"Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, en el coraje."

-"Quien puede recurrir a la violencia no tiene necesidad de recurrir a la justicia."

-«Los fuertes hacen lo que desean y los débiles sufren sus abusos».

- "Buscamos la belleza sin lujo."


- "No es el debate el que impide la acción, sino el hecho de no ser instruido por el debate antes de que llegue la hora de la acción."

-"La guerra consiste no solamente en las armas, sino también en el dinero, por medio del cual las armas pueden ser útiles y muy provechosas."

-"Después que todos estuvieron a punto en orden de batalla, así de una parte como de la otra, cada capitán animaba a sus soldados lo mejor que sabía."

-" (...) Ni tampoco debemos pensar que hay gran diferencia de un hombre a otro, sino que es más sabio y discreto aquel que muestra su saber en tiempo de necesidad."

-"Los enemigos serán más duros de combatir si les acometemos cuando estén fuera de sus naves, porque viendo que ya no pueden volver atrás sin gran peligro, pelearán mejor."
- "Cuanto más, que no debemos llorar porque se pierdan las tierras y posesiones si salvamos nuestras personas, pues las posesiones no adquieren ni ganan a los hombres sino los hombres a las posesiones."

-"Es de suyo obvio que el cálculo, facultad príncipe del estadista, incluye al futuro o, por mejor decirlo, el cálculo es, en grado de excelencia, previsión, puesto que en ello está su principal utilidad."

- "Así, pues, como hombres valientes y animosos, acordándoos de vuestra virtud y esfuerzo, acometed con ánimo y corazón a vuestros enemigos, y pensad que la necesidad en que podemos encontrarnos es mucho más de temer que las fuerzas y poder de los enemigos."

-"Lo que a vosotros toca es que cada cual, dentro de su barco, guarde la ordenanza y sea muy obediente para hacer pronto lo que le fuere mandado, porque las más veces la ocasión de la victoria consiste en la presteza y diligencia en acometer cuando es tiempo."

-"Si estos bárbaros creen más seguro espantarnos de lejos con sus voces y alaridos sin exponerse a peligro de batalla, que venir con nosotros a las manos, porque de otra suerte antes vendrían al combate que hacer todas esas amenazas, juzgad el temor que se les puede tener, grande de ver y oír, pero muy pequeño al pelear."

-"En aprieto y en lugar estrecho no es fácil retirarse en el momento de peligro ni revolver los barcos, que es toda la obra y arte de las naves ligeras y de buenos marineros; antes es forzoso combatir como si estuviesen en tierra firme entre gente de infantería, y en tal caso, los que poseen más naves tienen más ventaja."

-" (...) Porque así como a la ciudad que tiene quietud y seguridad, le conviene no mudar las leyes y costumbres antiguas, así también a la ciudad que es apremiada y maltratada de otras, le cumple inventar e imaginar cosas nuevas para defenderse; y ésta es la causa porque los atenienses, a causa de la mucha experiencia que tienen, procuran siempre novedades."

-"Si sostenéis su ímpetu cuando acometan y os retiráis paso a paso en buen orden, muy pronto estaréis a salvo en lugar seguro y conoceréis por experiencia, para lo venidero, que la natural condición de estos bárbaros es dar de lejos grandes alaridos y amenazar, pero que mostrando osadía los que están dispuestos a recibirlos cuando se les acercan y combaten a la par, muestran su valentía en los pies más que en las manos, procurando huir lo más que pueden para salvarse."
-"Aquellos que son más en número vienen a la batalla confiados en sus fuerzas, no en su saber y consejo. Los que son muchos menos y no acuden forzados a pelear poniendo toda su seguridad en su seso y prudencia, van osadamente al encuentro. Y bien considerado, con razón nuestros enemigos nos temen mucho más por esto que por el aparato de guerra que traemos, pues vemos a menudo los más poderosos ser vencidos por los menos, a veces por ignorancia y otras por falta de corazón. Ninguna de ambas cosas se hallará en nosotros."

-" (...) También me maravillo de que haya hombre de contraria opinión de lo que está acordado, y quiera mostrar con razones que las injurias y ofensas de los mitilenos no sean útiles y provechosas, y que esto que es bien de nuestra parte, redunde en mal y daño de los aliados. Porque ciertamente, quien quiera que sea el que esto defienda, evidentemente da a entender, o que por gran confianza en su ingenio y elocuencia hará creer a los otros que no entienden las cosas claras por sí mismas, o que, corrompido por dádivas y dinero, procura engañarnos con elocuentes razones."

-"Estad firmes y quedos en estas rocas y peñas que tenéis por parapetos, y defendeos valerosamente de vuestros enemigos para guardar la plaza y con ella vuestras personas."











PERICLES


-"Cuando los tiranos parecen besar ha Ilegado el momento de echarse a temblar."

-"Dichas que se pierden son desdichas más grandes"

-"El que sabe pensar, pero no sabe cómo expresar lo que piensa, está en el mismo nivel del que no sabe pensar."

-"El tiempo es el más sabio consejero."

-"La felicidad está en la libertad, y la libertad en el coraje."

-"La tumba de los héroes es el universo entero y no está en las columnas recargadas de fastuosas inscripciones."

-"Los hombres ilustres tienen toda la tierra por tumba."

-"Somos libres y tolerantes en nuestras vidas pero en los asuntos públicos nos ceñimos a la Ley."

-"Si Atenas te parece grande considera entonces que sus glorias fueron alcanzadas por hombres valientes, y por hombres que aprendieron sus deberes."

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- "No se sale adelante celebrando éxitos, sino superando fracasos"


jueves, 14 de septiembre de 2017

POLIBIO




- No hay testigo tan terrible ni acusador tan potente como la conciencia que mora en el seno de cada hombre.

- La historia ofrece el medio mejor de preparación para los que han de tomar parte en los asuntos públicos.

- "Un estadista que ignora la forma en que se originan los acontecimientos es como un médico que no conoce las causas de las enfermedades que se propone curar."

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-"La mejor forma de gobierno es la que comprende la monarquía, la aristocracia y la democracia."

-"En la guerra debemos contar siempre con los golpes del azar y con los accidentes que no pueden preverse."

-

-"Un buen general no sólo ve la manera de conseguir la victoria: sabe también cuando ésta es imposible."

-"Tiene sin duda mucho mérito vencer en el campo de batalla; pero se necesita más sabiduría y más destreza para hacer uso de la victoria."

- "Como la masa del pueblo es inconstante, apasionada e irreflexiva, y se halla además sujeta a deseos desenfrenados, es menester llenarla de temores para mantenerla en orden. Por eso los antiguos hicieron bien en inventar los dioses y la creencia en el castigo después de la muerte. Son más bien los modernos los que deben ser acusados de locura por su pretensión de extirpar tales creencias."

-"La finalidad de la tragedia es conmover y sorprender al auditorio, pero sólo transitoriamente."

-"La Historia ofrece el medio mejor de preparación para los que han de tomar parte en los asuntos públicos."

-


-"La muchedumbre es fácil de guiar y puede ser movida por la más pequeña fuerza. Por eso sus agitaciones ofrecen una prodigiosa semejanza con las de las olas de mar."





martes, 12 de septiembre de 2017

ESQUILO DE ELEUSIS



-Pocos hombres tienen la fuerza de carácter suficiente para alegrase del éxito de un amigo sin sentir cierta envidia.

-No es sabio el que sabe muchas cosas, sino el que sabe cosas útiles.

-Ni aún permaneciendo sentado junto al fuego de su hogar puede el hombre escapar a la sentencia de su destino.

-Quien no es envidiado, no es digno de serlo.

-No considero nada vergonzoso honrar a los hermanos.

-La fuerza de la necesidad es irresistible.

-Es una especie de enfermedad natural de los poderosos no poder fiarse de los amigos.



-El que acaba de hacerse con el poder es siempre de condición severa

-La obediencia es la madre del éxito

-Es una ley: sufrir para comprender

-Sólo de la rectitud del corazón nace la felicidad de todos requerida













domingo, 27 de agosto de 2017

eslava galán







Después de una infancia que suponemos feliz y libre de cuidados, nuestro
joven César encañó en un adolescente espigado y rubiasco, despabilado y
simpático, con la cara llena de granos, y una libido quizá algo excesiva. Tenía
quince años cuando quedó huérfano de padre. El noble Cay o falleció de repente,
fulminado por un infarto cuando estaba atándose un zapato. El muchacho había
quedado huérfano en muy mala edad pero la prudente Aurelia, matrona romana
de las antiguas, discreta, voluntariosa e inteligente, supo hacer de padre y de
madre para dar a su hijos (César tenía una hermana) la esmerada educación que
los nobles vástagos requerían. César recibió una sólida formación griega y latina
con los mejores profesores y completó sus estudios en el extranjero, en Rodas y
Atenas, que eran las ciudades universitarias más prestigiosas de su tiempo.
Mientras aprendía argucias retóricas y se ensay aba en el espléndido estilo
literario que admiramos en sus obras, se ejercitaba al aire libre y adquiría la
forma física que en su madurez le permitiría compartir, sin esfuerzo aparente, las
marchas y privaciones de sus soldados.









Así comenzó la meteórica carrera política de Sila. A poco, ocupó el consulado
y asumió la tarea de defender los privilegios de la clase senatorial de las cada vez
may ores exigencias de la plebe romana. En este forcejeo se enfrentó repetidas
veces con el tribuno de la plebe Sulpicio Rufo, portavoz de los populares.



P



























legión Vernácula,





83 CAPÍTULO OCTAVO
Fascinante Cleopatra



El siciliano depositó a los pies de
César el presente, tiró de un extremo y Cleopatra apareció deslumbradora en su
belleza. Ya lo dice Dión Casio: « Cleopatra era muy hermosa y estaba en la flor
de la dulzura, y nadie podía sustraerse a su encanto. Su presencia y sus palabras
causaban tan profunda impresión que hasta el hombre más frío y menos
aficionado a las mujeres quedaba preso en sus redes» .



Pascal,
en sus Pensamientos, escribió una frase enigmática que desde entonces se ha
repetido mucho: «Le nez de Cléopdtre: s’il eüt étéplus court, toute la face de la
terre aurait changé






La gran arma de Cleopatra no fue, pues, la belleza sino su simpatía y su don
de gentes, su cultura y su habilidad diplomática. Lo confirma otro romano, Dión
Casio, nada sospechoso de favorecerla indebidamente: « Cleopatra, por su forma
de hablar, parecía que conquistaba a su interlocutor» .
« Hay diez maneras de agradar —escribió un historiador antiguo—, pero
Cleopatra conocía mil» . La reina de Egipto ganó a sus amantes por la delicadeza
de sus sentimientos, su femineidad y su conocimiento de la naturaleza humana.



Otros historiadores, por el contrario, nos retratan a
una Cleopatra modelo de esposa, abnegada y fiel hasta la muerte, « la más ilustre
y sabia de las mujeres, grande por ella misma, por sus logros y por su valor» ,
como la llama el obispo Juan de Nikiu.



César estaba convencido de que su
familia descendía de Afrodita. Tiempo atrás, en Efeso, había sido titulado
« descendiente de Ares y Afrodita, Dios encarnado y Salvador de la
Humanidad» .


César prefirió aplazar su regreso a Egipto y se dirigió a Roma, donde asuntos
urgentes reclamaban su presencia. A su paso por Atenas una comisión de
ciudadanos acudió a cumplimentarlo. No les llegaba la camisa al cuerpo porque
habían apoy ado la causa de Pompey o durante la reciente guerra civil. César,
siempre magnánimo, los tranquilizó: « Aunque merecéis la muerte, os concedo el
perdón por respeto a la memoria de vuestros ilustres antepasados» .










El lector irá notando que los generales romanos
derrotados tienen cierta propensión al suicidio. Esta era una vieja tradición, en
cierto modo similar al harakiri japonés, aunque no tan ceremoniosa. El general
romano derrotado « se echaba sobre su espada» , es decir, apoy aba la
empuñadura en el suelo, con la punta a la altura del corazón y se dejaba caer. No
siempre acertaba, claro. Por ejemplo, la muerte de Catón fue especialmente
laboriosa. Los familiares aprovecharon que se había desvanecido para avisar a
un médico que le vendó la herida, pero en cuanto el moribundo volvió en sí los
despidió a todos y se arrancó los vendajes. Cuando se atrevieron a entrar en el
aposento donde se había encerrado encontraron su cadáver con la cabeza
apoy ada en un ejemplar del diálogo platónico Fedón. César lamentó su muerte;
al menos eso dio a entender cuando comentó: « No le perdono que no me hay a
permitido perdonarle» .



VICTORIA FINAL DE CÉSAR

Aniquilado en África el partido pompey ano, César regresó a Roma, sin prisas
y a, y llegó cuando apuntaban los calores del verano del año 46. El Senado,
domesticado y temeroso, legalizó la virtual dictadura del vencedor confiriéndole
magistraturas extraordinarias: cónsul por cinco años y dictador perpetuo.
Además lo autorizaba a usar el título de Imperator, que sería hereditario, y le
otorgaba el derecho de designar la mitad de los funcionarios públicos, incluso los
propios de la asamblea popular. Aparte de esto, lo declaraba intangible y le
asignaba una escolta de setenta y dos lictores. Obrando desde dentro del sistema,
y sin aparente conculcación de la legalidad, César había vaciado de contenido la
pretura, la cuestura y la edilidad. En las sesiones del Senado tendría derecho a
hablar el primero y dispondría de una silla de oro entre los cónsules. En el templo
del Capitolio se colocó su estatua sobre un carro triunfal en cuy a inscripción era
alabado como semidiós descendiente de Venus.


El triunfo era el
desfile apoteósico de un general victorioso por la Via Sacra romana. Era, a un
tiempo, desfile de la victoria y acto religioso de acción de gracias ante Júpiter
Capitalino por haber favorecido a Roma en la batalla. Condición indispensable
para la celebración del triunfo era que el general agasajado hubiese resultado
vencedor en una guerra justa (bellum iustum) en cuy a batalla más importante
hubieran perecido un mínimo de cinco mil enemigos. La cifra de bajas enemigas
en las cuatro guerras que César conmemoraba se calculó en un millón doscientos
mil. Le sobraban muertos.
El general que esperaba ser distinguido con un triunfo llevaba extra
pomerium, es decir, fuera de los límites de la ciudad, a una representación de su
ejército y allí esperaba, a veces hasta tres años, a que el Senado le concediera el
honor. Una vez obtenido permiso, el día fijado se congregaban en la explanada
del Campo de Marte las tropas que habían de participar en el desfile y partían
desde allí, siguiendo el itinerario oficial, que pasaba bajo el arco triunfal y seguía
por la Via Sacra y el foro hásta el templo de Júpiter en el Capitolio, máximo
santuario romano.
A lo largo de la carrera oficial, las calles aparecían adornadas con guirnaldas
y colgaduras. Además, el itinerario entre la residencia de César y el Capitolio fue
entoldado con piezas de seda para resguardar a los transeúntes de los rigores del
sol estival (es un detalle que los calvos siempre agradecemos, y César lo era,
como una bombilla). En una ciudad de ordinario maloliente, aquel día señalado
se perfumaba el aire con incienso quemado en los templos.
Abrían la procesión los senadores y magistrados, seguidos de la banda de
música. A éstos sucedían los carros que transportaban el botín arrebatado a los
vencidos, sus insignias, las imágenes de sus dioses, sus objetos sagrados y la
figuración de las ciudades tomadas y de los territorios sojuzgados, cada cual
convenientemente identificado por un letrero que los que sabían leer descifraban
para beneficio de los analfabetos. Detrás de los trofeos desfilaban las víctimas
que iban a ser inmoladas a Júpiter en acción de gracias, por lo general toros
blancos con los cuernos dorados y adornados con guirnaldas. Detrás del ganado
iban cuerdas de prisioneros destinados a ser vendidos como esclavos y los
caudillos derrotados, con una soga al cuello o encadenados.
Acabado el desfile, los rey es y jefes de los pueblos vencidos eran ejecutados
en la cárcel Mamertina.
Regresemos ahora a nuestro desfile. Detrás de los cautivos, a prudente
distancia, iban los lictores escoltando a los magistrados cum imperium, y con ellos
un tropel de portadores de vasos aromáticos y nuevos músicos que acompañaban
al carro blanco, tirado por caballos también blancos, del general victorioso. El
triunfador, coronado de laurel, había cambiado sus arreos militares por una
túnica tachonada de estrellas de oro. En la mano derecha portaba un cetro de oro
rematado en águila; en la izquierda, una rama de laurel. Detrás del general, un
esclavo le sostenía la corona de Júpiter Capitolino sobre la cabeza y le iba
susurrando al oído: « Respice post te, hominem te esse memento» (« Mira hacia
atrás y recuerda que sólo eres un hombre» ).
Luego desfilaban los soldados victoriosos con sus insignias y estandartes, en
alegre y dudosamente marcial algarabía, entonando canciones cuarteleras y
coreando « io triumphe!» .
Durante el triunfo, el general victorioso era la imagen de dios mismo, pero al
propio tiempo no dejaba de ser mortal y tanta gloria podía atraerle el mal de ojo,
el tan temido fascinum. Para defenderlo de él, el carro triunfal se adornaba con
un monumental falo erecto, el viejo recurso apotropaico de los pueblos
mediterráneos. Además, los soldados, aunque adoraban a su general, lo
insultaban y ridiculizaban en sus canciones no por falta de respeto sino para
preservarlo del mal de ojo y de la envidia de los celosos dioses. Ya dijimos que
los que acompañaban a César iban coreando: « Romanos, guardad a vuestras
mujeres, que os traemos al calvo salido» (« Romani, servate uxores: moechum
calvum adducimus» ).
El desfile terminaba en la explanada del Capitolio. El triunfador se apeaba del
carro y penetraba en el templo de Júpiter para devolver a la imagen su corona e
insignias. La ceremonia religiosa continuaba con la inmolación de las víctimas; la
profana, en otro lugar de la ciudad, con un multitudinario banquete al que asistían
los magistrados, el ejército victorioso e incluso el pueblo de Roma.



El propio César lo reconoce cuando asegura que en la batalla
de Ilerda venció a un ejército sin general; en la de Farsalia, a un general sin
ejército; en la de Munda, a un general y a un ejército. En algún momento, el
propio César descabalgó y se lanzó a la lucha sin casco, con la calva
desprotegida, mezclado con sus hombres, para dar ejemplo y enardecer a los
que flojeaban.



El quince de febrero se celebraban en Roma las Lupercales o Lupercalia,
fiestas de origen etrusco que purificaban la ciudad y aseguraban la fertilidad de
sus campos. Constaban de tres ritos: primero se sacrificaban una cabra y un
perro a la loba Dea, en el Lupercal, una caverna del monte Palatino que la
tradición señalaba como madriguera de la loba que amamantó a Rómulo y
Remo, los fundadores de la ciudad. Delante del altar, dos jóvenes, los magistri o
hermanos may ores, se inclinaban para que el sacerdote les tocara la frente con
el cuchillo ensangrentado y luego se la limpiara con un copo de lana empapado
en leche (figuración de los antiguos sacrificios humanos). Después, los miembros
de las cofradías cortaban la piel de los animales sacrificados en tiras (llamadas
februa, de donde algunos sostienen que procede la palabra febrero) y corrían por
la ciudad desnudos repartiendo zurriagazos con las februa a diestro y siniestro
entre los regocijados transeúntes. Se suponía que la mujer que recibiera un azote
quedaría embarazada en el año venidero. La gente comía y bebía, reía y
entonaba canciones obscenas. Quizá al lector le sorprenda saber que estos ritos se
han reconvertido en las fiestas de la Purificación de la Virgen, al adaptarse al
cristianismo.


Algunos se crey eron perdidos cuando
Pompilio Lenas, un senador que era del todo ajeno a lo que se tramaba, se dirigió
a Bruto y a Casio con una sonrisa y, tomándolos aparte, les dijo: « Os deseo
suerte en el plan, pero id con cuidado que la gente lo sabe todo» .


El testamento de César designaba heredero a Cay o Octavio, sobrino nieto suy o
al que había adoptado como hijo. Cay o Octavio recibía tres cuartos de su fortuna.
El cuarto restante se repartía entre otros dos sobrinos, Lucio Pinario y Quinto
Pedio.







Virgilio

De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres.
P·VERGILIVS·MARO
Publio Virgilio Marón
«La fortuna favorece a los valientes».
«La fortuna favorece a los valientes».
Véase también
Wikipedia-logo.png Biografía en Wikipedia.
Commons-logo.svg Multimedia en Wikimedia Commons.
Wikisource-logo.svg Obras en Wikisource.
Esta página contiene citas de una persona fallecida hace 2036 años.
Icon PD.svgHay una gran probabilidad de que hayan entrado en el dominio público en la mayoría de los países.
Publius Vergilius MaroPublio Virgilio Marón (70 a. C. – 19 a. C.), poeta de la antigua Roma, autor de Las Bucólicas y de La Eneida.

Citas[editar]

  • "Audentes Fortuna iuvat."
    • Traducción: "La fortuna favorece a los valientes."
    • Eneida, X, 284.
    • Nota: Versos de La Eneida, de Virgilio, incorrectamente citados. El original es «Audentes fortuna iuvat»: ‘A los osados sonríe la fortuna’. Aunque similar, el significado no es idéntico.

  • «¡Cómo pasamos entre mentidos gozos la suprema noche!».
  • "Discite iustitiam, moniti, et non temnere divos."
    • Traducción: "Aprended justicia, ¡oh vosotros advertidos!, y a no despreciar a los dioses"
    • Eneida, VI, 620.
    • Nota: Frase de Flegias, castigado en los infiernos. La tradición afirma que un demonio afirmó que era el mejor verso de Virgilio.
  • "Equo ne credite, Teucri / Quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentes".
    • Traducción: "No confiéis en el caballo, troyanos. Sea lo que sea, temo a los dánaos (griegos), aun portando regalos".
    • Nota: Palabras del sacerdote troyano Laoconte advirtiendo a los suyos de que no se puede esperar nada bueno de los griegos (los dánaos). La frase "timeo Danaos et dona ferentes" es citada, entre otros, por René Goscinny en uno de los álbumes de Astérix, y es el origen del un dicho para expresar desconfianza en inglés ("Beware of the Greeks bearing gifts", literalmente "Ten(ed) cuidado con los griegos que llevan regalos").
    • Eneida, II, 48.
  • «Es fácil conquistar al que piensa que está conquistado.» [1]
  • "Fata viam invenient."
    • Traducción: "El destino se abre sus rutas."
    • Eneida, 10, 113.
  • "Felix, qui potuit rerum cognoscere causas, / Atque metus omnes et inexorabile fatum / Subjecit pedibus, strepitumque Acherontis avari!" Feliz el sabio que ha podido averiguar las causas de las cosas / y somete al miedo y al inexorable destino evitando a todos tropezar en importunos errores pese al estrépito del codicioso Aqueronte"
    • Geórgicas, II 490-492.
    • Nota: alude al anterior poeta romano Lucrecio, quien en su poema didáctico De rerum natura ("Sobre la naturaleza" o "las cosas naturales") intentó liberar a los hombres de su temor a la muerte y a los dioses enseñando la filosofía materialista de Epicuro
  • "Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo."
    • Traducción: "Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos."
    • Eneida, VII, 312.

«El tiempo se va para no volver».
  • "Fugit irreparabile tempus."
    • Traducción: "El tiempo huye irreparablemente."
    • Geórgicas, III, 284.
  • "Hos ego versiculos feci, tulit alter honores
Sic vos non vobis nidificatis aves:
Sic vos non vobis vellera fertis oves:
Sic vos non vobis mellificatis apes:
Sic vos non vobis fertis aratra boves.
    • "Yo escribí estos versos, otro se llevó los honores
así vosotros no nidificáis para vosotros mismos, pájaros,
así vosotras no lleváis la lana para vosotras mismas, ovejas,
así vosotros no hacéis miel para vosotras mismas, abejas,
así vosotros no lleváis el arado para vosotros mismos, bueyes."
  • Infandum, regina, iubes renovare dolorem. ("Me ordenas, reina, renovar un dolor inenarrable", Eneida, II, 3)
  • Latet anguis in herba ("La serpiente se esconde bajo la hierba", Églogas, III, 93). Tópico literario.
  • "Nimium ne crede colori".
    • Traducción: "No confíes mucho en los colores (en la belleza)".
    • Bucólicas, II, 17.
  • "Omnia vincit Amor; et nos cedamus Amori."
    • Traducción: "El amor conquista todas las cosas; démosle paso al amor." Es un tópico literario.
    • Bucólicas, X, 69.
  • "Possunt quia posse videntur."
    • Traducción: 
    • Eneida, V, 231.
  • "Una salus victis nullam sperare salutem."
    • Traducción: 
    • Eneida, II, 354.

    • Eneida, IV, 569.

Epitafio[editar]

  • "Mantua me genuit; Calabri rapuere; tenet nunc
Parthenope. Cecini pascua, rura, duces".
    • Traducción: "Mantua me engendró; los calabreses me llevaron; hoy me tiene Parténope (Nápoles). Canté a los pastos, a los campos, a los caudillos."

Otras citas[editar]

  • "De los tiempos, el que más corre es el alegre".
  • "Dichosos los hombres de campo, que sí conocen la felicidad."
  • "Los dioses ayudan a los hombres que se ayudan a sí mismos, y esto es mediante el trabajo."
  • "Cada loco con su tema"