domingo, 27 de agosto de 2017

eslava galán

















Así comenzó la meteórica carrera política de Sila. A poco, ocupó el consulado
y asumió la tarea de defender los privilegios de la clase senatorial de las cada vez
may ores exigencias de la plebe romana. En este forcejeo se enfrentó repetidas
veces con el tribuno de la plebe Sulpicio Rufo, portavoz de los populares.



P



























legión Vernácula,





83 CAPÍTULO OCTAVO
Fascinante Cleopatra





Pascal,
en sus Pensamientos, escribió una frase enigmática que desde entonces se ha
repetido mucho: «Le nez de Cléopdtre: s’il eüt étéplus court, toute la face de la
terre aurait changé
















César estaba convencido de que su
familia descendía de Afrodita. Tiempo atrás, en Efeso, había sido titulado
« descendiente de Ares y Afrodita, Dios encarnado y Salvador de la
Humanidad» .


César prefirió aplazar su regreso a Egipto y se dirigió a Roma, donde asuntos
urgentes reclamaban su presencia. A su paso por Atenas una comisión de
ciudadanos acudió a cumplimentarlo. No les llegaba la camisa al cuerpo porque
habían apoy ado la causa de Pompey o durante la reciente guerra civil. César,
siempre magnánimo, los tranquilizó: « Aunque merecéis la muerte, os concedo el
perdón por respeto a la memoria de vuestros ilustres antepasados» .










El lector irá notando que los generales romanos
derrotados tienen cierta propensión al suicidio. Esta era una vieja tradición, en
cierto modo similar al harakiri japonés, aunque no tan ceremoniosa. El general
romano derrotado « se echaba sobre su espada» , es decir, apoy aba la
empuñadura en el suelo, con la punta a la altura del corazón y se dejaba caer. No
siempre acertaba, claro. Por ejemplo, la muerte de Catón fue especialmente
laboriosa. Los familiares aprovecharon que se había desvanecido para avisar a
un médico que le vendó la herida, pero en cuanto el moribundo volvió en sí los
despidió a todos y se arrancó los vendajes. Cuando se atrevieron a entrar en el
aposento donde se había encerrado encontraron su cadáver con la cabeza
apoy ada en un ejemplar del diálogo platónico Fedón. César lamentó su muerte;
al menos eso dio a entender cuando comentó: « No le perdono que no me hay a
permitido perdonarle» .



VICTORIA FINAL DE CÉSAR

Aniquilado en África el partido pompey ano, César regresó a Roma, sin prisas
y a, y llegó cuando apuntaban los calores del verano del año 46. El Senado,
domesticado y temeroso, legalizó la virtual dictadura del vencedor confiriéndole
magistraturas extraordinarias: cónsul por cinco años y dictador perpetuo.
Además lo autorizaba a usar el título de Imperator, que sería hereditario, y le
otorgaba el derecho de designar la mitad de los funcionarios públicos, incluso los
propios de la asamblea popular. Aparte de esto, lo declaraba intangible y le
asignaba una escolta de setenta y dos lictores. Obrando desde dentro del sistema,
y sin aparente conculcación de la legalidad, César había vaciado de contenido la
pretura, la cuestura y la edilidad. En las sesiones del Senado tendría derecho a
hablar el primero y dispondría de una silla de oro entre los cónsules. En el templo
del Capitolio se colocó su estatua sobre un carro triunfal en cuy a inscripción era
alabado como semidiós descendiente de Venus.


El triunfo era el
desfile apoteósico de un general victorioso por la Via Sacra romana. Era, a un
tiempo, desfile de la victoria y acto religioso de acción de gracias ante Júpiter
Capitalino por haber favorecido a Roma en la batalla. Condición indispensable
para la celebración del triunfo era que el general agasajado hubiese resultado
vencedor en una guerra justa (bellum iustum) en cuy a batalla más importante
hubieran perecido un mínimo de cinco mil enemigos. La cifra de bajas enemigas
en las cuatro guerras que César conmemoraba se calculó en un millón doscientos
mil. Le sobraban muertos.
El general que esperaba ser distinguido con un triunfo llevaba extra
pomerium, es decir, fuera de los límites de la ciudad, a una representación de su
ejército y allí esperaba, a veces hasta tres años, a que el Senado le concediera el
honor. Una vez obtenido permiso, el día fijado se congregaban en la explanada
del Campo de Marte las tropas que habían de participar en el desfile y partían
desde allí, siguiendo el itinerario oficial, que pasaba bajo el arco triunfal y seguía
por la Via Sacra y el foro hásta el templo de Júpiter en el Capitolio, máximo
santuario romano.
A lo largo de la carrera oficial, las calles aparecían adornadas con guirnaldas
y colgaduras. Además, el itinerario entre la residencia de César y el Capitolio fue
entoldado con piezas de seda para resguardar a los transeúntes de los rigores del
sol estival (es un detalle que los calvos siempre agradecemos, y César lo era,
como una bombilla). En una ciudad de ordinario maloliente, aquel día señalado
se perfumaba el aire con incienso quemado en los templos.
Abrían la procesión los senadores y magistrados, seguidos de la banda de
música. A éstos sucedían los carros que transportaban el botín arrebatado a los
vencidos, sus insignias, las imágenes de sus dioses, sus objetos sagrados y la
figuración de las ciudades tomadas y de los territorios sojuzgados, cada cual
convenientemente identificado por un letrero que los que sabían leer descifraban
para beneficio de los analfabetos. Detrás de los trofeos desfilaban las víctimas
que iban a ser inmoladas a Júpiter en acción de gracias, por lo general toros
blancos con los cuernos dorados y adornados con guirnaldas. Detrás del ganado
iban cuerdas de prisioneros destinados a ser vendidos como esclavos y los
caudillos derrotados, con una soga al cuello o encadenados.
Acabado el desfile, los rey es y jefes de los pueblos vencidos eran ejecutados
en la cárcel Mamertina.
Regresemos ahora a nuestro desfile. Detrás de los cautivos, a prudente
distancia, iban los lictores escoltando a los magistrados cum imperium, y con ellos
un tropel de portadores de vasos aromáticos y nuevos músicos que acompañaban
al carro blanco, tirado por caballos también blancos, del general victorioso. El
triunfador, coronado de laurel, había cambiado sus arreos militares por una
túnica tachonada de estrellas de oro. En la mano derecha portaba un cetro de oro
rematado en águila; en la izquierda, una rama de laurel. Detrás del general, un
esclavo le sostenía la corona de Júpiter Capitolino sobre la cabeza y le iba
susurrando al oído: « Respice post te, hominem te esse memento» (« Mira hacia
atrás y recuerda que sólo eres un hombre» ).
Luego desfilaban los soldados victoriosos con sus insignias y estandartes, en
alegre y dudosamente marcial algarabía, entonando canciones cuarteleras y
coreando « io triumphe!» .
Durante el triunfo, el general victorioso era la imagen de dios mismo, pero al
propio tiempo no dejaba de ser mortal y tanta gloria podía atraerle el mal de ojo,
el tan temido fascinum. Para defenderlo de él, el carro triunfal se adornaba con
un monumental falo erecto, el viejo recurso apotropaico de los pueblos
mediterráneos. Además, los soldados, aunque adoraban a su general, lo
insultaban y ridiculizaban en sus canciones no por falta de respeto sino para
preservarlo del mal de ojo y de la envidia de los celosos dioses. Ya dijimos que
los que acompañaban a César iban coreando: « Romanos, guardad a vuestras
mujeres, que os traemos al calvo salido» (« Romani, servate uxores: moechum
calvum adducimus» ).
El desfile terminaba en la explanada del Capitolio. El triunfador se apeaba del
carro y penetraba en el templo de Júpiter para devolver a la imagen su corona e
insignias. La ceremonia religiosa continuaba con la inmolación de las víctimas; la
profana, en otro lugar de la ciudad, con un multitudinario banquete al que asistían
los magistrados, el ejército victorioso e incluso el pueblo de Roma.



El propio César lo reconoce cuando asegura que en la batalla
de Ilerda venció a un ejército sin general; en la de Farsalia, a un general sin
ejército; en la de Munda, a un general y a un ejército. En algún momento, el
propio César descabalgó y se lanzó a la lucha sin casco, con la calva
desprotegida, mezclado con sus hombres, para dar ejemplo y enardecer a los
que flojeaban.



El quince de febrero se celebraban en Roma las Lupercales o Lupercalia,
fiestas de origen etrusco que purificaban la ciudad y aseguraban la fertilidad de
sus campos. Constaban de tres ritos: primero se sacrificaban una cabra y un
perro a la loba Dea, en el Lupercal, una caverna del monte Palatino que la
tradición señalaba como madriguera de la loba que amamantó a Rómulo y
Remo, los fundadores de la ciudad. Delante del altar, dos jóvenes, los magistri o
hermanos may ores, se inclinaban para que el sacerdote les tocara la frente con
el cuchillo ensangrentado y luego se la limpiara con un copo de lana empapado
en leche (figuración de los antiguos sacrificios humanos). Después, los miembros
de las cofradías cortaban la piel de los animales sacrificados en tiras (llamadas
februa, de donde algunos sostienen que procede la palabra febrero) y corrían por
la ciudad desnudos repartiendo zurriagazos con las februa a diestro y siniestro
entre los regocijados transeúntes. Se suponía que la mujer que recibiera un azote
quedaría embarazada en el año venidero. La gente comía y bebía, reía y
entonaba canciones obscenas. Quizá al lector le sorprenda saber que estos ritos se
han reconvertido en las fiestas de la Purificación de la Virgen, al adaptarse al
cristianismo.


Algunos se crey eron perdidos cuando
Pompilio Lenas, un senador que era del todo ajeno a lo que se tramaba, se dirigió
a Bruto y a Casio con una sonrisa y, tomándolos aparte, les dijo: « Os deseo
suerte en el plan, pero id con cuidado que la gente lo sabe todo» .


El testamento de César designaba heredero a Cay o Octavio, sobrino nieto suy o
al que había adoptado como hijo. Cay o Octavio recibía tres cuartos de su fortuna.
El cuarto restante se repartía entre otros dos sobrinos, Lucio Pinario y Quinto
Pedio.







Virgilio

De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres.
P·VERGILIVS·MARO
Publio Virgilio Marón
«La fortuna favorece a los valientes».
«La fortuna favorece a los valientes».
Véase también
Wikipedia-logo.png Biografía en Wikipedia.
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Wikisource-logo.svg Obras en Wikisource.
Esta página contiene citas de una persona fallecida hace 2036 años.
Icon PD.svgHay una gran probabilidad de que hayan entrado en el dominio público en la mayoría de los países.
Publius Vergilius MaroPublio Virgilio Marón (70 a. C. – 19 a. C.), poeta de la antigua Roma, autor de Las Bucólicas y de La Eneida.

Citas[editar]

  • "Audentes Fortuna iuvat."
    • Traducción: "La fortuna favorece a los valientes."
    • Eneida, X, 284.
    • Nota: Versos de La Eneida, de Virgilio, incorrectamente citados. El original es «Audentes fortuna iuvat»: ‘A los osados sonríe la fortuna’. Aunque similar, el significado no es idéntico.

  • «¡Cómo pasamos entre mentidos gozos la suprema noche!».
  • "Discite iustitiam, moniti, et non temnere divos."
    • Traducción: "Aprended justicia, ¡oh vosotros advertidos!, y a no despreciar a los dioses"
    • Eneida, VI, 620.
    • Nota: Frase de Flegias, castigado en los infiernos. La tradición afirma que un demonio afirmó que era el mejor verso de Virgilio.
  • "Equo ne credite, Teucri / Quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentes".
    • Traducción: "No confiéis en el caballo, troyanos. Sea lo que sea, temo a los dánaos (griegos), aun portando regalos".
    • Nota: Palabras del sacerdote troyano Laoconte advirtiendo a los suyos de que no se puede esperar nada bueno de los griegos (los dánaos). La frase "timeo Danaos et dona ferentes" es citada, entre otros, por René Goscinny en uno de los álbumes de Astérix, y es el origen del un dicho para expresar desconfianza en inglés ("Beware of the Greeks bearing gifts", literalmente "Ten(ed) cuidado con los griegos que llevan regalos").
    • Eneida, II, 48.
  • «Es fácil conquistar al que piensa que está conquistado.» [1]
  • "Fata viam invenient."
    • Traducción: "El destino se abre sus rutas."
    • Eneida, 10, 113.
  • "Felix, qui potuit rerum cognoscere causas, / Atque metus omnes et inexorabile fatum / Subjecit pedibus, strepitumque Acherontis avari!" Feliz el sabio que ha podido averiguar las causas de las cosas / y somete al miedo y al inexorable destino evitando a todos tropezar en importunos errores pese al estrépito del codicioso Aqueronte"
    • Geórgicas, II 490-492.
    • Nota: alude al anterior poeta romano Lucrecio, quien en su poema didáctico De rerum natura ("Sobre la naturaleza" o "las cosas naturales") intentó liberar a los hombres de su temor a la muerte y a los dioses enseñando la filosofía materialista de Epicuro
  • "Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo."
    • Traducción: "Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos."
    • Eneida, VII, 312.

«El tiempo se va para no volver».
  • "Fugit irreparabile tempus."
    • Traducción: "El tiempo huye irreparablemente."
    • Geórgicas, III, 284.
  • "Hos ego versiculos feci, tulit alter honores
Sic vos non vobis nidificatis aves:
Sic vos non vobis vellera fertis oves:
Sic vos non vobis mellificatis apes:
Sic vos non vobis fertis aratra boves.
    • "Yo escribí estos versos, otro se llevó los honores
así vosotros no nidificáis para vosotros mismos, pájaros,
así vosotras no lleváis la lana para vosotras mismas, ovejas,
así vosotros no hacéis miel para vosotras mismas, abejas,
así vosotros no lleváis el arado para vosotros mismos, bueyes."
  • Infandum, regina, iubes renovare dolorem. ("Me ordenas, reina, renovar un dolor inenarrable", Eneida, II, 3)
  • Latet anguis in herba ("La serpiente se esconde bajo la hierba", Églogas, III, 93). Tópico literario.
  • "Nimium ne crede colori".
    • Traducción: "No confíes mucho en los colores (en la belleza)".
    • Bucólicas, II, 17.
  • "Omnia vincit Amor; et nos cedamus Amori."
    • Traducción: "El amor conquista todas las cosas; démosle paso al amor." Es un tópico literario.
    • Bucólicas, X, 69.
  • "Possunt quia posse videntur."
    • Traducción: 
    • Eneida, V, 231.
  • "Una salus victis nullam sperare salutem."
    • Traducción: 
    • Eneida, II, 354.

    • Eneida, IV, 569.

Epitafio[editar]

  • "Mantua me genuit; Calabri rapuere; tenet nunc
Parthenope. Cecini pascua, rura, duces".
    • Traducción: "Mantua me engendró; los calabreses me llevaron; hoy me tiene Parténope (Nápoles). Canté a los pastos, a los campos, a los caudillos."

Otras citas[editar]

  • "De los tiempos, el que más corre es el alegre".
  • "Dichosos los hombres de campo, que sí conocen la felicidad."
  • "Los dioses ayudan a los hombres que se ayudan a sí mismos, y esto es mediante el trabajo."
  • "Cada loco con su tema"

sábado, 26 de agosto de 2017

Homero

Homero

VIII AC-VIII AC. Poeta y rapsoda griego antiguo al que tradicionalmente se le atribuye la autoría de las principales épicas griegas: la Ilíada y la Odisea.

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Odioso para mí, como las puertas del Hades, es el hombre que oculta una cosa en su seno y dice otra.
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Míseros mortales que, semejantes a las hojas, ya se hallan florecientes y vigorosos comiendo los frutos de la tierra, ya se quedan exánimes y mueren.
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miércoles, 23 de agosto de 2017

EL CÓNSUL MARCO SERVILIO PÚLEX GÉMINO

EL CÓNSUL MARCO SERVILIO PÚLEX GÉMINO

Marco Servilio Púlex Gémino o Marco Servilio Púlice Gémino (en latín, Marcus Servilius Pulex Geminus) fue un senador romano elegido augur en el año 211 a. C. en el lugar de Espurio Carvilio Máximo Ruga que había muerto en el año anterior.

En el año 203 a. C. fue edil curul y, conjuntamente con su colega, dedicó una cuadriga de oro en el Capitolio. En el mismo año fue magister equitum del dictador, Publio Sulpicio Galba Máximo, con quien viajó por Italia para examinar las causas que habían llevado a varios pueblos a rebelarse contra Roma.

En 202 a. C. fue cónsul con Tiberio Claudio Nerón y obtuvo Etruria como provincia, al mando de dos legiones y en donde su imperium se prorrogó al año siguiente.

En 200 a. C. fue uno de los diez comisionados para la distribución de tierras en Samnio y Apulia entre los veteranos de Escipión el Africano. En 197 a. C. fue uno de los triunviros designados por un período de tres años para establecer una serie de colonias en la costa oeste de Italia.

En el año 167 a. C. durante la disputa sobre si se debía conceder un triunfo a Emilio Paulo, el conquistador de Macedonia, Servilio Púlex se dirigió al pueblo en favor de Emilio Paulo.



EL CÓNSUL MARCO SERVILIO PÚLEX GÉMINO, PERSONAJES ROMANOS, MARCO SERVILIO PÚLEX GÉMINO, ESPURIO CARVILIO MÁXIMO RUGA, PUBLIO SULPICIO GALBA MÁXIMO, TIBERIO CLAUDIO NERÓN, ESCIPIÓN EL AFRICANO, EMILIO PAULO

sábado, 19 de agosto de 2017

safo de lesbos

safo de lesbos


·                    
·                    .
·                    «».
·                    «Sólo cerrando las puerta detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir».





domingo, 13 de agosto de 2017

BIBLIOTECA MARAVILLOSA DE ROMANOS



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sábado, 12 de agosto de 2017

COPIAS JORDI

Milón de Crotón y Titormo el etolio hicieron una competición para ver quién se comía primero un toro entero (Ateneo, Banquete de los eruditos 412f).





Filóxeno de Citera pidió una vez a los dioses tener una garganta de tres codos de longitud. <<Es para poder tragar el mayor tiempo posible>>, dijo, <<y disfrutar de todo lo que como al mismo tiempo>> (Macón, Anécdotas 10).

Dicen, en efecto, que Filóxeno, hijo de Erixis, y Gnatón de Sicilia se pirraban por la buena comida hasta el extremo de sonarse la nariz sobre las viandas para disuadir al resto de los comensales y ser ellos los únicos en hartarse de lo que había sobre la mesa (Plutarco, De si está bien dicho lo de <<Vive ocultamente>> 1128b).



La persona carente de modales cuenta, cuando está la mesa comiendo con otros, que ha evacuado por arriba y por abajo gracias al eléboro que bebió para purgarse, y que en sus deposiciones la bilis era más negra que el caldo que habían servido (Teofrasto, Caracteres 20).

SECCIÓN DE PASTELERÍA

Alcibíades envió a Sócrates una gran tarta preparada con mucho esmero. Jantipa [la esposa de Sócrates]consideró la tarta como un regalo enviado por el amado a su amante, destinado a inflamar su pasión, y, en un arranque de cólera, como era propio de su carácter, la sacó de la cesta y la pisoteó. Sócrates se echó a reír y dijo: <<Pues bien, tú tampoco disfrutarás de ella>> (Eliano, Historias curiosas 11.12).  









De esta manera algún cazador y sus otros compañeros urden una trampa para los leopardos que aman el vino puro: eligen una fuente en la que ardiente tierra de Libia, una fuente, que, aun siendo pequeño, mana en un lugar reseco abundante agua oscura, misteriosa e inesperada… Allí, al amanecer, va a beber la raza de las fieras panteras. Y, al anochecer, los cazadores salen acarreando veinte cántaros de dulce vino que alguien, cuya tarea es la custodia de una viña, ha prensado once años antes; y mezclan el dulce licor con el agua, y abandonando la purpúrea fuente se emboscan cerca, cubriendo sus valiente cuerpos con pieles de cabra, o simplemente con sus redes, puesto que no pueden encontrar refugio de roca ni de frondosos árboles, al ser toda la tierra una extensión arenosa y desprovista de vegetación. Las panteras, acuciadas por el ardiente sol, sienten a la par la llamada de la sed y del olor que ellas aman, y se aproximan al manantial de Baco, y con avidez sorben el vino. Al principio todas brincan unas junto a otras como si fueran una compañía de bailarines, pero poco a poco sus miembros se embotan, e inclinan suavemente la cabezas hacia abajo… después un profundo sueño se apodera de ellas y las arroja aquí y allá sobre el suelo (Opiano, De la caza 4.320 y ss.).